Vemos continuamente muchas mujeres sumergidas en un laberinto de deberes, normas, reglas que cumplir que terminan sus jornadas totalmente agotadas y que van perdiendo la alegría, la energía, la emoción de vivir.

Se conoce como “Síndrome de la superwoman”, en el que las responsabilidades se llevan al extremo, convirtiéndose en eje único para asuntos importantes. Toda la logística, mantenimiento y control pasan por sus expertas ejecuciones.

¿Quién de nosotras no ha pasado por este síndrome en el pasado o lo viva en este instante? Las mujeres hemos transitado por la esclavitud del perfeccionismo, de llegar a todo y hacerlo muy bien, de ser la protagonista de todo lo importante de la vida …  a costa muchas veces de la salud física y emocional.

También esta forma de vida  afecta al entorno familiar. ¿Quién puede estar relajada, feliz, satisfecha bajo el férreo “mandato” de este síndrome que además siempre se realimenta con más trabajo, más perfección, más responsabilidad?

En la cúspide del agotamiento empezamos a culpar a terceros de su escasa colaboración (nunca a nuestro nivel, claro) y además descargamos nuestro sentimiento de frustración con nuestra familia, compañeros de trabajo, amigos, enemigos y un señor de Cuenca que pasaba por ahí …

 

¿Por qué no empezamos a reconocer que tenemos pleno derecho a la imperfección? ¿Y a no ser Diosas de una neoreligión que nos pide cada vez más y nos da a cambio menos y peor?  Ser buenas profesionales, las mejores madres, fabulosas esposas y amantes, grandes amigas y todo ello en un cuerpo de modelo eslava que la naturaleza se empeña en desdecir, es francamente inviable y extenuante.

Quizás sea hora de revisar nuestros valores y cambiarlos si procede. Definir nuevos objetivos para nuestra cotidianeidad y para el corto/medio plazo. Buscar un bienestar que empezará por una misma y podrá alcanzar a todos los que nos rodean.

Me pongo de ejemplo y conozco muchas mujeres que han tomado decisiones similares para salir de esta tormenta.

¿Cómo  salir de este síndrome? Lo primero fue reconocer que NO podía llegar a todo por más que me lo propusiera. Identificar el dolor que me estaba causando y el que infería a otros. A partir de ahí me propuse una nueva mirada, enfocada en cuidarme más y mejor. Ni que decir tiene que esta transformación no la hice en un día y ni tan siquiera en un mes. Tenía algo a mi favor: la misma decisión y empuje que le ponía antes a ejecutar todos mis deberes como una superheroína, la dedicaba para mi cambio. Reservé mis mejores energías … para mí. Bajo este nuevo enfoque que me llevó a una actitud constructiva para conmigo y un buen puñado de acciones concretas, algunas de gran esfuerzo, otras no tanto, emprendí el camino de vuelta a mi esencia, a mi humanidad. A ser una Mujer no agobiada ni amargada. A convertirme en Persona que ama su Vida.

 

Ideamos y creamos el PROGRAMA:  ARMAS DE SUPERACION MASIVA (PASMA), un método único con el que comenzarás  a verte y sentirte mejor rápidamente.  Pasarás a la otra senda:  te darás tu tiempo, espacio, amor. Todo esto más tu interés en superarte hará que no  vuelvas a caer en aquella espiral en que te autosaboteabas con tanta exigencia. Tomarás el control sobre tus emociones y recuperarás la alegría de las pequeñas cosas. Aprenderás recursos valiosos, poderosos, sostenibles en el tiempo para seguir disfrutando de tu progreso. Fijarás objetivos ambiciosos, llenos de ilusión y entusiasmo. Y lo mejor: gozarás en cada paso de este camino porque la meta es importante, pero lo es mucho más el trayecto de ir consiguiendo las cosas con plena consciencia de cada peldaño subido.

En este punto, vendría muy bien recordar una frase de William Shakespeare cuando escribió: “Procurando lo mejor estropeamos a menudo lo que está bien”.

Si te has sentido identificada con esta nota, contacta con nosotras,  estamos a tu disposición para guiarte hacia tu nuevo estado de Mujer feliz.